Qué difícil es esto de ser mujer y dedicarse a la política. No sé qué pensáis, pero ser feminista es agotador, sobre todo cuando tienes dobles lealtades. Es cansado cuando te ilusionas con un cambio que como siempre, no acaba de llegar del todo.

Como dice Beatriz Gimeno en uno de sus artículos, un gobierno sin mujeres nace viejo, nace lastrado, en estos largos tres siglos de lucha hemos conseguido entre otras muchas cosas, que no sea de recibo un gobierno sin una sola mujer.

Pero dicho esto, y reitero un gobierno sin mujeres no es de recibo, nos hace invisibles y constituye un grave paso atrás, también es desagradable e injusto que las mujeres seamos siempre instrumentalizadas y utilizadas como punta de lanza de disputas entre opciones políticas.

Por un lado, es alentador y reconfortante que la opinión pública se pronuncie en contra de un gobierno de concentración masculino, y no deja de significar que hemos conseguido que entre dentro del sentido común que no se puede excluir a las mujeres de ningún ámbito, y mucho menos de la política. Por otro lado, resulta ignominioso que voces que se alzan contra este hecho no se hayan alzado, o directamente hayan sido los responsables de los recortes que han empeorado sensiblemente las condiciones de vida de las mujeres, que hayan dejado sistemáticamente para luego los problemas que diariamente afectan a millones de mujeres, el reparto desigual del trabajo, la segregación del mercado laboral, el desigual uso del tiempo que atrapa a las mujeres en las tareas del hogar mucho más que a los varones, que no hayan luchado con todas sus fuerzas por un pacto de estado para eliminar un asunto tan terrible como es la trata de mujeres y niñas hoy en día.

Cuando invocar nuestros derechos les sirve para atacar a una opción política contra la que se oponen entonces sí, entonces nuestra situación se convierte en un problema de primer orden.

EFE

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Estamos hartas de ser moneda de cambio, no nos sirve que alcéis la voz sólo cuando os interesa, nosotras estamos con las mujeres griegas ahora y lo estábamos antes.

El feminismo sabe ya, por ser una triste y larga historia, la difícil alianza que ha tenido con otros movimientos, cuánto esfuerzo y cuánta lealtad han sido traicionadas a lo largo de nuestra ya larga historia de lucha. Y también sabemos lo mucho que se nos ha instrumentalizado cuando proclamar nuestros derechos les ha servido en algún momento para mantener sus privilegios.

Se me ocurren ejemplos muy ilustrativos, por si no me estoy explicando bien. Se puede estar apoyando en Bruselas las políticas de ajuste estructural y pretender a la vez que nos están defendiendo y que son la vanguardia de los movimientos de mujeres, se puede estar desahuciando a una mujer con dos hijas pequeñas y a la vez hacer oídos sordos a la propuesta ante el congreso de la plataforma de afectados por la hipoteca. Si eso es defender a las mujeres, a mí que me lo expliquen por qué no lo entiendo.

En esta cuestión, igual que con la cuestión de Syriza, nosotras estamos con las mujeres no sólo de cara a la galería sino también cuando van a echarlas de sus casas.

Chicas, digámosle a los que nos utilizan, que hay que estar con nosotras siempre, no sólo cuando damos publicidad.

Ana