La violencia contra las mujeres es una lacra que nos acompaña desde tiempos inmemoriales, y lamentablemente durará tanto como dure el patriarcado, que implica directamente violencia estructural contra las mujeres y potencia en consecuencia la ejercida individualmente contra las mismas.

Pero aclaremos los términos, ¿Qué es violencia contra las mujeres?

Violencia es que tengamos que luchar para ser nombradas y tenidas en cuenta en el lenguaje mismo, no es casualidad que las actividades y profesiones más valoradas se nombren en masculino.

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Violencia es la brecha salarial que se mantiene actualmente en nuestro país, con una media de un 15%  más de salario bruto por hora a favor de los varones; que el empleo a media jornada esté altamente feminizado, y digo empleo, porque muchas mujeres tienen a día de hoy segundas jornadas de trabajo no valorado y no remunerado, por no considerarse ni siquiera trabajo.

Violencia es el bombardeo mediático, social y cultural para que mantengamos nuestros cuerpos a raya, disimulando nuestras supuestas “imperfecciones”, instando incluso a pasar por un quirófano como si ser una mujer de carne y hueso fuera una enfermedad.

Violencia es querer prevenir las agresiones sexuales instando a las mujeres a pisar lo menos posible el espacio público a ciertas horas, o a disimular que vivimos solas, como si fuera una fuerza de la naturaleza la que nos agrede y no se pudiera luchar contra ella.

Violencia es también por supuesto, educarnos desde la infancia a sentir que estamos incompletas si no tenemos un varón a nuestro lado, como si tuviéramos un espacio vacío que rellenar, y no fuéramos personas con entidad propia.

Y por último, la parte más visible, más obscena, más terrible, aquella a la que se ven sometidas muchas mujeres día tras día, insultadas, menosprecias, golpeadas, y en los casos más tristes e intolerables asesinadas a manos de sus parejas o exparejas.

Ya son 44 las compañeras asesinadas este año, y digo compañeras sí compañeras, porque la violencia contra las mujeres consiste precisamente en eso, en ser agredidas sólo por ser mujeres. Yo como mujer que soy, las considero mis compañeras.

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No quisiera acabar este escrito sin recordarnos a todas que no estamos solas, que la calle es nuestra como lo es nuestro cuerpo también, nuestra voz, nuestras decisiones…en resumidas cuentas nuestras vidas.

No queremos condescendencia, no queremos palmaditas en la espalda ni condolencias, lo queremos todo, hemos venido a este mundo a ser felices y juntas lo vamos a conseguir.