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Es uno de los comentarios que se pueden escuchar hoy día en las televisiones, en las calles, los bares…

«Las cosas se están haciendo bien, ya no hay tantas huelgas ni tantas manifestaciones. El 15M se ha diluido. Se han perdido las movilizaciones sociales.»

Ese es el argumentario del poder a la hora de intentar desmovilizar a la sociedad procurando que cunda el pesimismo entre la ciudadanía y que el sistema se mantenga como está: el beneficio de unos pocos a costa del infortunio de una gran mayoría.

 

Y es que la situación de emergencia social, que ha provocado la avalancha de movimientos sociales de los últimos años, los cuales han desembocado en el surgimiento de Podemos como herramienta política que pretende reverter la gestión del bipartidismo, sigue siendo alarmante:

La sociedad actual sigue teniendo cifras de paro escandalosas y, aún así, se dan casos donde aquellxs que tienen empleo, debido a las reformas estructurales de los últimos años, también están en situaciones de pobreza.

Lxs jóvenes, que han utilizado recursos públicos para su formación y están preparados para proporcionar el relevo generacional necesario, se ven obligadxs a salir del país en busca de un trabajo con condiciones dignas.

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Nuestros mayores ven cómo, tras pasar una vida entera trabajando, deben alargar su vida laboral y deben conformarse con unas pensiones insuficientes con las que aparte de su propia subsistencia, deben procurar la de muchos de sus hijxs y nietxs que se encuentran desahuciados y en paro.

Los derechos públicos básicos, véase sanidad, educación, derecho a la vivienda, alimentación infantil, etc. han pasado a un segundo plano. Se ha  procurado la deconstrucción de un sistema con unos mínimos derechos de los ciudadanos y se ha sustituído por otro en el que el pago de la deuda generada por las élite económicas y políticas tiene preferencia ante el bienestar social. Un sistema donde  prevalece la facilidad por el despido y no la contratación, donde las mujeres siguen aguantando el peso de la familia, las pequeñas y medianas empresas son asfixiadas con impuestos mientras que las grandes marcas están prácticamente exentas de ellos.

Un modelo donde se cuecen grandes tratados de comercio, como el TTIP, a espaldas de lxs ciudadanxs, que pretende potenciar lo mismo que se viene haciendo,  el beneficio de unxs pocxs a costa de la mayoría.

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Por ello es imprescindible una vez más volver a las calles. Debemos mostrar al poder que la gente está harta de que se le robe y se le ningunee. Debemos salir a decir BASTA en voz alta.

Las marchas de la dignidad del movimiento 22M tienen un eslogan claro y conciso: PAN, TRABAJO, TECHO ý DIGNIDAD.

Se convoca a toda la ciudadanía a participar en actos de lucha la semana del 24 al 29 de octubre. Actos tales como manifestaciones, charlas, talleres y otras actividades varias con el objetivo de demostrar una vez más que el pueblo es quien tiene el poder.