Guerra de trincheras y estrategia electoral

Reproducimos el interesante comentario extraído de publico.es

Enlace original: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/1025/guerra-de-trincheras-y-estrategia-electoral/

También puedes leer la opinión de Miguel Urbán publicada el día 5 de mayo en publico.es. Pulsa aquí: http://blogs.publico.es/tomar-partido/2015/05/04/podemos-debates-y-elecciones/

En los párrafos más legendarios de sus Quaderni del carcere, Antonio Gramsci reflexionaba sobre las estrategias de guerra de la I Guerra Mundial, posición y maniobra, para entender la política en Occidente. En la política occidental la guerra de maniobra (el asalto) perdería relevancia frente a una compleja guerra de posición en la que el Estado no sería más que la trinchera avanzada del conjunto de fortificaciones de la sociedad civil. La política de la guerra de trincheras es la lucha por la hegemonía. A diferencia de lo que muchos piensan, Gramsci no ideó el concepto de hegemonía, que ya estaba presente en las reflexiones de socialistas rusos que Gramsci conoció, e incluso en algunos textos de la Komintern. Sin embargo, Gramsci fue el primero en entender la hegemonía no como la necesidad de las organizaciones socialistas de liderar a sectores subalternos distintos a la clase obrera o de aliarse con sectores de la burguesía, sino como el conjunto de mecanismos supraestructurales, sobretodo en un sentido cultural, sobre los que descansa el orden político en las sociedades avanzadas. Gramsci volvió a Maquiavelo, el padre de la política como ciencia del poder, para entender la importancia del consentimiento. Y es que el poder en las sociedades avanzadas no sólo se expresa a través de mecanismos coercitivos, sino predominantemente a través del consentimiento y el consenso.

Sobre la dimisión de Monedero

Compartimos con vosotras y vosotros la carta que Pablo Iglesias ha enviado a los miembros de Podemos y el comentario que ayer publicó Monedero en su Blog. Os animamos a que dentro del respeto a todas las posturas incluyáis vuestras valoraciones.

CARTA DE PABLO IGLESIAS

Compañeras, compañeros,

Hoy he mantenido una conversación con Juan Carlos Monedero en la que me ha planteado su voluntad de dimitir del Consejo Ciudadano de nuestra organización. Aceptar su dimisión ha sido enormemente doloroso para mí.

Juan Carlos no solo es un compañero con el que he compartido años de militancias y proyectos, sino un amigo. Desde hace meses venía hablando con él sobre las dificultades que estaba viviendo a raíz de pertenecer a la dirección de Podemos.

Juan Carlos deja los órganos directivos, pero no Podemos, y lo hace habiendo cumplido con su compromiso de coordinar la elaboración de un programa marco que presentaremos muy pronto. El cambio necesita de mucha gente cumpliendo papeles muy diferentes, y Juan Carlos y yo pensamos hace tiempo que él no es un hombre de partido, y que su puesto está donde siempre estuvo: siendo una referencia moral e intelectual de quienes aspiran a una sociedad más justa.

Nadie en el último año ha sufrido como Juan Carlos las consecuencias de un compromiso desinteresado, y nunca dejaremos de estar en deuda con él. Y nuestro camino juntos no termina. Comienza una nueva etapa en la que me gustaría verle haciendo lo que mejor sabe hacer: pensar, libre de las dificultades que suponen las ataduras orgánicas, y contribuir con su crítica lúcida a la construcción del cambio que queremos ver en nuestro país.

Un abrazo,

Pablo Iglesias

 COMENTARIO DE MONEDERO EN SU BLOG: http://www.comiendotierra.es/2015/04/30/para-mi-amigo-pablo/

Para mi amigo Pablo

Cuando fundamos Podemos, tres convicciones nos acompañaban que hoy, después de presentarle a Pablo mi dimisión de los cargos de dirección del partido, siguen intactas. No se nos han movido porque nos nacieron de muy adentro. Siguen firmes porque las cuidamos durante mucho tiempo, atendiendo a todos sus rincones, a sus promesas y también a sus riesgos. Son parte de nosotros porque, además de pensarlas, las sentimos, durante muchas noches, después de hacer La Tuerka, al salir de dar clase en nuestra Universidad, conversando con hermanos de aquí y de allá, compartiendo tranquilidad en medio de pinares.  Esas tres convicciones nos siguen orientando: la necesidad de decirle a los responsables de vaciar nuestra democracia que podían vencer, pero que no nos estaban convenciendo; la necesidad de construir un relato que terminara con la resignación a la que se invitaba a nuestro país; y la convicción de que para cambiar nuestra democracia teníamos que recuperar, junto a la inteligencia, la emoción, que teníamos que hablar con la misma voz con la que hablábamos todos los días, que teníamos que reinventar nuestras tradiciones para que todo el esfuerzo de nuestros mayores no se echara a perder.