A propósito del encarcelamiento de Alfon

El pasado día 18 de junio, al día siguiente  del encarcelamiento de Alfon, Rita Maestre, nueva portavoz del ayuntamiento de Madrid, decía: “algo ha tenido que pasar  para que una persona a la que se le acusa de esos cargos suscite una ola de apoyo y de solidaridad vecinal tan grande como la que ha sucedido»

Y efectivamente, “algo ha tenido que pasar”. Pero para saber todas las cosas que “han pasado”, hay que remontarse varios años atrás: Alfon fue detenido en la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Se decretó su ingreso en prisión preventiva sin fianza. Estuvo en un régimen que se emplea para terroristas y narcotraficantes durante 56 días (cosa que no se hizo ni con Rato, ni con Barcenas, pero si con un chaval de 23 años).

Supuestamente le incautaron una mochila con explosivos. Sin embargo, en el momento de la incautación Alfon no llevaba guantes y en la mochila tampoco se encontraron sus huellas dactilares. Los supuestos explosivos eran petardos y gasolina. Más tarde  denunció que la Policía le dijo que si no identificaba a miembros de Bukaneros  (peña de aficionados del Rayo Vallecano con una marcada ideología de izquierdas) le imputarían tenencia de explosivos.

Desde entonces no han parado de sucederse las muestras de solidaridad  y denuncia hasta el mismo momento de su detención  hace unos días en la parroquia de San Carlos de Borromeo en Vallecas, donde cientos de personas se concentraron para arroparle a él y su familia, muchas de ellas   portando trajes blancos y máscaras para ejemplificar que el ataque no era contra un individuo sino contra toda la gente que en algún momento ha luchado por cambiar las cosas.

Así pues ¿Qué “ha tenido que pasar” para que con tan pocas pruebas se meta 4 años en la cárcel a un chaval que salió un día de su casa para participar en una jornada de huelga general? Pues “han pasado” muchas cosas: esa huelga de 2012 fue la primera huelga general que se convocó tras el 15m, fue la primera en que la gente , más allá de siglas o sindicatos, quiso participar y hacer suya tan significativa convocatoria y se buscaba dar un castigo ejemplar para evitar que estas actitudes se propagaran.

También “han pasado” muchas otras cosas desde entonces: las acciones de, la lucha de los afectados por hepatitis C, las marchas de la dignidad… y un largo etcétera  hasta llegar a las elecciones municipales y autonómicas que acabamos de dejar atrás. Del mismo modo que en la huelga general del 2012, en estas elecciones también  se ha hecho notar las aspiraciones de la gente por hacerla suya y superar las viejas consignas y partidos. Y otra vez, de nuevo, hay que dar ejemplo y demostrar “quien es el que manda”.

Lo nuevo está naciendo pero lo viejo no acaba de morir y como reza el dicho “los últimos coletazos son los peores”: las viejas estructuras se niegan a dejarse cambiar, los antiguos privilegiados no quieren dejar escapar el poder… y para esto no van a escatimar en esfuerzos: a partir de ahora dará  igual por qué se juzgue a alguien, lo importante va a ser a quien se juzga. Lo mismo da que sea  por participar en una huelga, en una acción de protesta o por expresarse en una red social. Todo se va a exagerar, descontextualizar y amplificar en busca del castigo más desproporcionado posible, inmersos en  una batalla decisiva que no debemos olvidar que estamos librando… porque saber que estamos luchando en una guerra es el primer paso para ganarla.

Silex.

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