Nuestro compañero David Pinto nos envía la siguiente reflexión sobre los resultados de las Elecciones Europeas y PODEMOS.

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La conclusión principal a la que hemos llegado tras las europeas es la constatación de la fractura del bipartidismo. Aunque diarios como ABC o el propio Mariano Rajoy hayan destacado la buena salud de la que gozan PP y PSOE, lo cierto es que fuerzas como IU, UPyD o Ciutadans han crecido considerablemente. Por su parte, Podemos ha dado la sorpresa situándose con más de un 1,2 millones de votos y llevando cinco diputados al Parlamento Europeo. Si vemos los números, Podemos ha sido la cuarta fuerza más votada en España y en ciertas comunidades como Asturias, Cantabria o Madrid, somos incluso la tercera. Asimismo, en la versión digital del diario Público podíamos leer que con estos resultados, una alianza IU-Podemos podría gobernar en ciudades como Cádiz, Gijón, Las Palmas y algunas del llamado «cinturón rojo» de Madrid, como Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Parla, Pinto y Torrejón.

Después del esfuerzo realizado por todos los que nos sentimos parte de este proyecto, es inevitable que nuestra ilusión se desbordase la noche del 25. No obstante, cabe destacar que no nos encontramos ante unos comicios «normales». Si estas elecciones se hubieran celebrado a nivel nacional, no habría habido una abstención tan alta, lo cual se traduce en más votos al bipartidismo. Además, la injusta ley electoral española no ha regido en esta ocasión, por lo que en unas elecciones generales, los resultados variarían sustancialmente. En última instancia, esto supone que hemos de seguir trabajando para hacer confluir a la mayoría social.

Como era de esperar, las críticas a Podemos no han tardado en llegar por todos los lados del espectro político. Si las descalificaciones desde la derecha no me sorprendían, he de reconocer que ciertas opiniones vertidas desde la izquierda me duelen profundamente.

Por un lado, la derecha mediática no me asombra en absoluto. Son incesantes y patéticos los comentarios aducidos desde programas de 13TV, artículos de La Razón y ABC, etcétera. Criticar los programas políticos de fuerzas que se encuentran en las antípodas ideológicas de uno mismo es perfectamente legítimo es un Estado con libertad de expresión. A un neoliberal puede parecerle mejor o peor las propuestas de IU o Podemos del mismo modo que yo siempre sostendré que las políticas neoliberales conllevan el afianzamiento de un sistema económico donde el pobre es cada vez más pobre y el rico es cada vez más rico. Estos análisis son positivos siempre y cuando sean rigurosos y no caigan en el insulto fácil. En este punto, me gustan personajes como Alain Juppé en Francia, quien a pesar de situarse en la derecha política, muchos en España deberían aprender de su respeto y su crítica constructiva. Sin embargo, la derecha mediática española es una jauría fascista que retracta su baja condición periodística y humana cada vez que abre la boca. No seré yo quien obvie estos comentarios, pues tienen el poder de crear opinión pública y, por ende, hegemonía. Pero más allá de la anécdota, sí que tengo la impresión de que muchos españoles se están dando cuenta de que esos insultos y descalificaciones nos benefician a nosotros mismos.

Para estos periodistas, Podemos es la extrema izquierda bolivariana y castrista. Somos los que rodeamos la casa de Carlos Floriano al más puro estilo nazi. Se ha llegado incluso a comparar a Pablo Iglesias con el mismísimo Adolf Hitler. Y curiosamente me ha extrañado que no nos relacionen, de momento, con ETA (esa es una losa de la que a los compañeros de EH Bildu les costará desprenderse). Nos acusan de chavistas, como si fuera un insulto, pero es que no les falta razón. Porque yo envidio un país con unos índices de desarrollo social tan altos como los de Venezuela. Del mismo modo, cabría informar a esta casta mediática de que es en España y no en Cuba donde la gente vive debajo de un puente cuando no puede pagar la hipoteca.

Por otro lado, desde algunos sectores de la izquierda llegan críticas que reflejan una moral derrotista que no comparto en absoluto. Parece ser que la izquierda está condenada al fracaso y si conseguimos despuntar a través de una iniciativa como Podemos, nos convertimos automáticamente en traidores.

Una de las principales críticas que nos hacen es la dependencia en Pablo Iglesias y su personalismo que ha llevado incluso a poner su rostro en el logo de las papeletas. Dudo que Pablo pretenda convertirse en la única cabeza visible de Podemos, lo cual ha reiterado en diversas ocasiones. En Podemos hay profesionales y gente sobradamente apta para salir en los medios y seguir recabando apoyos. Es cierto que una excesiva proyección personal podría convertirse en una dependencia que no deseo. Pero hay que tener en cuenta que con los escasos recursos económicos de Podemos, solo podíamos utilizar a Pablo para disputar la hegemonía frente a las grandísimas campañas del PP y PSOE. ¿Qué teníamos? Una cara conocida, y es con este elemento con el que hemos jugado. Esto demuestra precisamente nuestra debilidad, la necesidad de recurrir a elementos mediáticos para obtener apoyos, pero es lo que hay, la política consiste en tener fuerza y ganar. Tras las elecciones, los parámetros han cambiado: Podemos aparece día sí día también en las principales tertulias televisivas, por lo que debemos desplazar ese exceso de personalismo a la participación de otros compañeros y compañeras.

En segundo lugar, se critica a Podemos por desplazar el eje discursivo izquierda-derecha al de pueblo-casta. Ante esto, los datos son claros: hablando de izquierda/derecha, IU solo ha aspirado durante años a arañar votos del PSOE y ponerse un listón máximo en torno al 18% del escrutinio. Por el contrario, Podemos no quiere racanear votos de descontentos, sino actuar como aglutinador social. Desde el principio, los impulsores del proyecto declararon que no pedirían el carnet ideológico a nadie. La única barrera que no se puede sobrepasar es la declaración de los Derechos Humanos. ¿Usted está de acuerdo en hacer una auditoría pública de la deuda, en nacionalizar sectores económicos estratégicos, en que la sanidad sea un derecho universal? Si usted está de acuerdo, está con nosotros, independientemente de que sea militar o haya votado toda su vida al Partido Popular.

En momentos de excepcionalidad como el actual, ese eje izquierda-derecha no sirve. La cuestión se fundamenta en atraer gente que no necesariamente se identifica con la izquierda, porque los de izquierdas ya estamos convencidos. ¿Esto puede suponer un peligro? Evidentemente, pero tampoco quiero aspirar a un máximo del 18%. ¿Podría entrar un neoliberal en Podemos? Por incompatibilidad ideológica, dudo que quisiera entrar. ¿Podría entrar un neonazi en Podemos? Teniendo como base del programa los Derechos Humanos, tampoco.

Ningún cambio de izquierdas sustancial en la Historia se ha hecho en nombre del socialismo. Siempre hay una motivación concreta y un discurso que no se identifica con el socialismo. En la revolución rusa, Lenin movilizó a las masas a través de la consigna «paz, pan y tierra». Fidel Castro comandó una revolución contra una dictadura, negando incluso el carácter socialista de la misma hasta bastante tiempo después. Tres cuartos de lo mismo en el caso de Hugo Chávez en Venezuela. No nos engañemos, diciendo cuánto de izquierda somos no hacemos sino provocar el rechazo de muchos. Aunque pueda sonar mal, hasta que no obtengamos los votos de gente tradicionalmente del PP, la izquierda no tendrá nada que hacer. Y lo vuelvo a repetir: en época de excepcionalidad, hay que labrar estrategias discursivas diferentes de las ordinarias.

En tercer y último lugar, se encuentra el sectarismo y la desconfianza propia de la izquierda mediante la cual cualquier intento de salir a por todas es tachado de reformista. Esta moral derrotista se sustenta en que la izquierda, si quiere ganar, ha de incorporar a su discurso términos como «socialismo», «lucha de clases», «proletariado», etcétera. Si bien de esta manera haríamos un diagnóstico muy exacto de la realidad, el común de los mortales no lo comprenden, lo cual demuestra una vez más nuestra propia debilidad. Si hubiera un movimiento sindical, vecinal y político de izquierdas que abarcara la mayoría social, no serían necesarios ciertos giros lingüísticos que tenemos que dar para llegar a la ciudadanía. ¿Por qué en Venezuela es posible hablar de «capitalismo» y «socialismo» y en España no? Porque los venezolanos están politizados, al contrario que el grueso de nuestros compatriotas.

No me interesa en absoluto situar a Podemos más a la izquierda que Fulano o más a la derecha que Mengano. Lo que me importa es el programa. Lo demás son debates insustanciales que solo conducen al sectarismo. Si buena parte de las propuestas de Podemos son iguales a las de otros partidos como IU o el PCPE, ¿qué utilidad nos aporta criticar a Podemos? La diferencia está en la estrategia, por lo que afirmar que Pablo Iglesias se ha vendido al mejor postor resulta cuando menos irrisorio.

Para concluir, considero que Podemos ha obtenido unos muy buenos resultados en las elecciones europeas, pero hemos de seguir trabajando en la aglutinación social y en la confluencia con otras fuerzas como IU y movimientos sociales. Ante los ataques, diré que si hay momentos donde son posibles cambios sustanciales, es en épocas de crisis, y los enfrentamientos en el seno de la izquierda ante opciones que destacan me resultan lamentablemente tristes. No queremos ser minoría ni tener una estética alternativa. Salimos a por todas, y eso solo se consigue aglutinando a la masa social.

Daniel Pinto